El trabajo desarrollado dentro del proyecto Salud en la vida adulta y su relación con el envejecimiento saludable.
El estudio ha tenido como objetivo analizar el estado de salud de la población española de 50 o más años.
Las dimensiones clave que se han explorado como condicionantes de la salud autopercibida han sido; la limitación en las actividades diarias por problemas de salud, el padecimiento de dolor o malestar y la sensación de ansiedad o depresión como indicadores de salud subjetiva; el número de enfermedades crónicas y el consumo de fármacos como indicador del estado de salud objetivo. A esta comparación de doble aproximación a la salud, se han añadido los hábitos de vida saludables, en concreto el tabaquismo, la actividad física y la ingesta de alcohol y las horas destinadas al descanso; e indicadores sintéticos relacionados con la salud; índice de masa corporal, índice sintético de salud mental e índice de apoyo social funcional.
CONCLUSIONES
En lo que respecta a la percepción que la población española tiene sobre su estado de salud, se observa que existen variaciones reseñables por sexo y edad. Los hombres evalúan de una forma más positiva sus condiciones físicas y cognitivas que las mujeres, y ambos ofrecen peores valoraciones a medida que la edad avanza. Por un lado, la mayor longevidad de las mujeres y la mayor propensión de éstas a padecer patologías altamente discapacitantes como enfermedades osteomusculares y algunas enfermedades mentales y del sistema nervioso, hacen que esa prevalencia de discapacidad entre la población femenina quede reflejada en la valoración que hacen de su estado de salud.
Los resultados de este estudio permiten situar a España dentro del contexto europeo, concluyendo que se encuentra entre los países con el porcentaje más elevado de personas de 50 o más años que valoran negativamente su estado de salud.
Por el contrario, son los países del norte y oeste, principalmente Suecia, Dinamarca y Países Bajos, donde encontramos una mayor proporción de población que declara un estado de salud excelente.
En los grupos de edad donde las enfermedades comienzan a agravarse, se multiplica el número de dolencias y las limitaciones en las actividades de la vida diaria empiezan a notarse, las personas que se hacen cargo del cuidado de otros son aquellas que presentan un mejor perfil sanitario y tienen las capacidades físicas y cognitivas para desarrollar esta tarea. De ahí que su evaluación del estado de salud sea mejor que el de aquellos que no cuidan a ningún adulto dependiente. A su vez, los resultados también pueden atribuirse a un efecto de “generación” asociado al cambio de valores respecto a la responsabilidad del cuidado, juzgándose, en consecuencia, de forma distinta las capacidades propias para hacerse cargo de esta tarea.
Comparando los datos españoles con los de otros países europeos se han observado porcentajes muy altos de población con más de dos enfermedades crónicas, siempre por encima de la media europea.
En lo que respecta a la población de 50 o más años sin enfermedades crónicas, el porcentaje en España es especialmente alto sobre todo en los grupos de edad de 50-64 años y de 65-79. En el grupo de mayor edad, 80 o más años, se acerca bastante a la media del continente. En lo que respecta al número de enfermedades crónicas de los distintos grupos de población dentro de España, los cuidadores presentan un mayor porcentaje de enfermedades crónicas que los no cuidadores en todos los grupos de edad y ambos sexos.
En España encontramos grandes diferencias en los hábitos relacionados con la salud como el tabaquismo y el consumo de alcohol.
Los hombres de 50 o más años han consumido y consumen tabaco y también beben en mayor proporción que la población femenina de la misma edad.
Finalmente, los indicadores sintéticos muestran la relevancia que toman los aspectos emocionales y psicológicos en la salud de las personas. Los datos indican que, en general, los españoles gozan de una buena salud mental, a pesar que ésta es mejor en los varones, y que las personas cuidadoras no sólo se sienten peor anímicamente sino que también autoperciben un menor apoyo social, y mayor padecimiento de ansiedad o estrés, lo que les resta salud y, por ende, bienestar y calidad de vida.
De este modo, queda patente que el apoyo social debe concebirse dentro de los determinantes de la salud dadas las diferencias que aglutina en función del sexo y la edad, pero especialmente entre personas cuidadoras y no cuidadoras, dadas las necesarias vinculaciones que las personas cuidadoras, y en especial las que lo hacen solas, precisan del entorno externo y próximo que les aporten mejores niveles de calidad y bienestar de vida.
Fuente: www.fundacionmapfre.org


