lunes, 14 de enero de 2019

LA IMPORTANCIA DE JUGAR CON NUESTROS HIJOS

El juego es tan importante para el desarrollo de los niños, que ha sido reconocido por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, como un derecho de cada niño.




Este derecho de nacimiento, a menudo se ve truncado por prácticas de explotación y trabajo infantil, violencia de guerras y recursos limitados en niños que viven en la pobreza. Sin embargo, incluso los niños que tienen la suerte de tener abundantes recursos disponibles y que viven en paz relativa, a veces tampoco reciben los beneficios del juego. Muchos de estos niños se están criando con un estilo de vida cada vez más estresante que puede limitar los beneficios protectores que obtendrían con el juego infantil.

La naturaleza del juego

El juego es parte de nuestro patrimonio evolutivo, es fundamental para la salud y nos ofrece oportunidades para practicar y perfeccionar las habilidades necesarias para vivir en un mundo complejo.
Aunque el juego está presente en un amplio abanico de especies dentro del reino animal, el juego social es más destacado en animales con un neocórtex grande. El juego proporciona al animal y los humanos, habilidades que les ayudarán en la supervivencia y la reproducción. La acumulación de nuevos conocimientos se basa en el aprendizaje previo, pero la adquisición de nuevas habilidades se ve facilitada por interacciones sociales y a menudo lúdicas.

Los beneficios del juego

El juego no es un acto frívolo. Se ha demostrado que el juego tiene efectos directos e indirectos sobre la estructura y el funcionamiento del cerebro. El juego provoca cambios a nivel molecular (epigenético), celular (conectividad neuronal) y conductual (habilidades de funcionamiento socioemocional y ejecutivo) que promueven el aprendizaje y el comportamiento adaptativo y/o pro social.

El juego permite a los niños utilizar su creatividad mientras desarrollan su imaginación, destreza, fuerza física, capacidad cognitiva y emocional. Es a través del juego que los niños de una edad temprana interactúan entre ellos y con el mundo que les rodea. Jugar permite a los niños crear y explorar un mundo que todavía no dominan. El aprendizaje temprano y el juego son fundamentalmente actividades sociales y favorecen el desarrollo del lenguaje y el pensamiento. También les permite desarrollar habilidades sociales y emocionales, y se ha demostrado que los niños que juegan con juguetes, actúan como científicos y aprenden buscando y escuchando lo que les rodea.

Sin embargo, las instrucciones explícitas limitan la creatividad del niño, por lo que deberíamos dejar que los niños aprendan a través de la observación, en vez de la memorización pasiva o la instrucción directa. El juego no dirigido permite a los niños aprender a trabajar en grupo, compartir, negociar, resolver conflictos y aprender habilidades de autogestión. Les permite practicar habilidades de decisión, moverse a su propio ritmo, descubrir sus propias áreas de interés y, en definitiva, participar plenamente en las pasiones que los estimulan. 
Padres que juegan con sus hijos.



Es fundamental que los padres tengan la oportunidad de acercarse al mundo de sus hijos. Jugar con ellos es una ocasión única para comunicarse con los niños de una manera diferente, en un espacio nuevo, que permite a los padres ofrecer orientaciones de manera suave y más estimulantes. Los niños menos verbales también pueden expresar sus opiniones, experiencias e incluso frustraciones a través del juego, permitiendo que los padres tengan la oportunidad de obtener una mayor comprensión de sus hijos.

El juego como mejora del rendimiento académico de los niños

Se ha demostrado que el juego ayuda a los niños a ajustarse a la configuración de la escuela e incluso a mejorar la preparación de los aprendizajes, los comportamientos de aprendizaje y las habilidades de resolución de problemas. El juego mejora la estructura y la función del cerebro y promueve la función ejecutiva (es decir, el proceso de aprendizaje, en lugar del contenido), que nos permiten perseguir los objetivos e ignorar las distracciones.
Algunos estudios señalan que las sociedades cada vez exigen más innovación y menos imitación, más creatividad y menos conformidad. En las demandas del mundo actual requieren que los métodos de enseñanza de los dos últimos siglos, como la memorización, sean sustituidos por innovación, aplicación y transferencia.

El papel de los pediatras

Según la Academia Americana de Pediatría, los médicos deberían prescribir tiempo de juego para los niños pequeños. En un momento en que cada vez hay más presión para añadir más componentes didácticos en la educación de los niños, en detrimento del aprendizaje lúdico, los pediatras pueden tener un papel importante en enfatizar el papel de un currículo equilibrado, que incluya el aprendizaje lúdico para la promoción de un desarrollo infantil sano.
Los beneficios para la salud del juego son muchos. Aquellos juegos que implican actividad física, no sólo promueven un peso saludable, sino que también pueden mejorar la eficacia de los sistemas inmunológico, endocrino y cardiovascular. El juego disminuye el estrés, el cansancio, la lesión, la depresión, y aumenta el grado de movimiento, la agilidad, la coordinación, el equilibrio y la flexibilidad.

Los niños prestan más atención a las lecciones de clase después del juego libre durante el recreo, que no después de los programas de educación física, que son más estructurados. Además, se ha sugerido que fomentar el juego libre puede ser una manera de aumentar los niveles de actividad física en niños, una estrategia importante para la resolución de problemas como la obesidad.



Categorías de juego

Existen diferentes tipos de juego, que pueden estructurarse según su secuencia de desarrollo:

  • Juego de objetos: este tipo de juego se produce cuando un niño explora un objeto y aprende sus propiedades. El juego de objetos progresa desde exploraciones sensoras y motoras tempranas, incluso el uso de la boca, hasta el uso de objetos simbólicos (por ejemplo, cuando un niño utiliza un plátano como teléfono) para la comunicación, el lenguaje y el pensamiento abstracto.

  • Juego físico: el desarrollo de las habilidades motoras en la infancia es esencial para promover un estilo de vida activo. Aprender a cooperar y negociar promueve las habilidades sociales críticas. Además, el juego físico no dirigido, permite a los niños tomar riesgos en un entorno relativamente seguro, que favorece la adquisición de habilidades necesarias para la comunicación, la negociación y el equilibrio emocional, y fomenta el desarrollo de la inteligencia emocional.

  • Juego al aire libre: el juego al aire libre ofrece la oportunidad de mejorar las habilidades de integración sensorial. En este caso, el tiempo de recreo en la escuela se convierte en una parte esencial de la infancia. No es de extrañar que los países que ofrecen más recreo los niños pequeños muestran un mayor éxito académico entre los niños a medida que maduran.

  • Juego simbólico: este tipo de juego se produce cuando los niños experimentan con diferentes roles sociales de manera no literal. Jugar con otros niños les permite negociar "las reglas" y aprender a cooperar.

En definitiva, el juego es fundamental para el desarrollo de los niños, y facilita la progresión desde la dependencia a la independencia, y desde la regulación parental hasta la autorregulación.

Fuentes: 
www.nytimes.com
www.healthychildren.org

CÓMO EVITAR QUE LOS NIÑ@S ENFERMEN CON EL FRÍO


¿Tu hijo se ha resfriado de nuevo? ¿No para de toser y falta a menudo a la escuela?


Bajan los termómetros y llegan las enfermedades más frecuentes asociadas al frío, que afectan principalmente a las vías respiratorias, como la gripe, los resfriados, las bronquitis, faringitis u otras más graves como la neumonía.

Sin embargo, no por ello se debe dejar de salir a la calle con niños; con unos prácticos consejos se puede reducir el contagio de enfermedades y otros problemas de salud relacionados con el frío como lesiones en la piel.



¿Por qué el frío provoca que los niños enfermen más?

Los niños son especialmente vulnerables al frío y son más propensos a contraer enfermedades, sobre todo si están en contacto con otros niños. Su sistema inmunológico no es lo suficientemente maduro y no tienen la misma capacidad defensiva que los adultos. Muchos padres y madres se preguntan qué pueden hacer para evitar que sus hijos contraigan las enfermedades típicas del invierno.

Se relaciona el frío con la mayoría de enfermedades respiratorias pero en realidad el frío no es el culpable en sí de que los niños se pongan enfermos, aunque es durante los meses de frío cuando hay más riesgo de sufrir estas enfermedades. Hay varios motivos que lo explican: 
Los cambios bruscos de temperatura sin abrigarse correctamente.


  • Los niños menores de 7 años son más vulnerables a los cambios de clima y tienen más riesgo de contraer infecciones, debido a que suelen tener una respiración más bucal que nasal.

  • El frío provoca que las barreras naturales de defensa de la nariz (cilios y mucosas nasales) pierdan su eficacia y permitan el paso de más microorganismos dentro del organismo y no calienten suficientemente el aire que debe llegar a los pulmones.

  • Ciertos virus, como el de la gripe, se cubren de una capa resistente que los protege del frío y les permite seguir infectando otras personas.

  • La lluvia provoca un aumento de la circulación de virus respiratorios y contaminantes en el aire.

  • La contaminación domiciliaria por falta de ventilación o permanecer en lugares cerrados en contacto con otros niños facilita el contagio de los virus. 






Cómo reducir la exposición a los virus

1. Abrigarse correctamente:

Muchos padres sufren al salir muy temprano por la mañana con sus hijos, porque no encuentran la manera de evitar que tosan o estornuden, y por eso muchos de ellos los abrigan de forma exagerada, como si fueran esquimales.

Si bien uno de los principales consejos para evitar los efectos del frío es abrigarse, abrigarlos demasiado puede ser contraproducente, ya que un exceso de tela les impide regular su temperatura corporal con la del ambiente y asegurar los mecanismos de transpiración adecuados.

También hay que tener en cuenta el tipo de tejido de las prendas de vestir: la lana, por ejemplo, puede irritar las vías respiratorias, acumular polvo y causar alergias. El material más apropiado para los niños es el algodón.

Lo fundamental es protegerse bien la nariz y la boca al pasar de un ambiente cálido a uno frío, especialmente durante la mañana, cuando muchos niños se enfrentan al fenómeno de inversión térmica caracterizado por una reducción significativa de la temperatura.

2. Ventilar los espacios y evitar multitudes:

Para prevenir ciertas enfermedades, es importante que todos los espacios en los que haya niños estén bien ventilados y si es posible poco concurridos. Se recomienda abrir las ventanas de las habitaciones al menos 10 minutos al día.

En interiores, es preferible utilizar estufas eléctricas o de gas y mantener la casa templada (no hay que subir demasiado la calefacción), y permitir así que el propio organismo utilice sus mecanismos reguladores de adaptación al frío. Así también se evitarán grandes cambios de temperatura cuando salimos de casa.

3. Mantener hábitos de higiene:

Si es posible, evitar el contacto de los niños con personas enfermas. También hay que evitar que el niño comparta utensilios con otros niños como vasos, platos, cubiertos, toallas y chupetes. Lavarse las manos con frecuencia, especialmente antes de comer, al entrar en casa y si ha estado en contacto con otros niños, reduce casi un 30% las posibilidades de que aparezca una enfermedad respiratoria aguda.


4. Seguir una dieta variada y saludable:

La alimentación tiene un papel destacado a la hora de evitar enfermedades y resfriados típicos de los meses de frío. Si tu bebé aún está en época de lactancia,la lactancia materna estimulará su sistema inmunológico y lo protegerá ante muchas infecciones.

Si ya toma sólidos, su dieta debe incluir frutas y verduras, ricas en vitaminas A y C, además de pescado y leche. Es recomendable no darles bebidas frías, y ofrecerles en cambio caldos y bebidas calientes o agua y zumos naturales a temperatura ambiente.

5. Vacunarse de la gripe si así lo considera el pediatra:

Aunque afecta a un gran número de personas anualmente en todo el mundo, en general la gripe no es una enfermedad grave, aunque puede resultar serlo en personas de edad avanzada y niños y adultos incluidos en los grupos de riesgo de desarrollar complicaciones.

La vacuna de la gripe sólo se debe usar en niños a partir de los 6 meses de edad. Se recomienda la vacunación anual a los niños con enfermedades de base que los hagan más propensos a las complicaciones, como asma, diabetes, algunas enfermedades renales, enfermedades del sistema inmunológico, etc. Están en discusión otras indicaciones, como sería el empleo sistemático en los pequeños que acuden a guarderías.

También se debe vacunar de la gripe a los niños y al resto de convivientes de enfermos para los que podría resultar especialmente peligrosa esta enfermedad.


6. Hidratar bien la piel:

Los cambios bruscos de temperatura deshidratan la piel y la hacen mucho más frágil y sensible. El frío, el viento y el sol pueden lesionar la piel de los niños, especialmente la de los bebés. La sequedad del ambiente puede provocar irritaciones y fisuras en la piel, y por ello es fundamental mantenerla bien hidratada con cremas, especialmente si la piel de tu hijo es muy seca.




Fuente: https://www.sjdhospitalbarcelona.org/es

viernes, 11 de enero de 2019

ESTUDIO SOBRE EL ENVEJECIMIENTO SALUDABLE 2018

El trabajo desarrollado dentro del proyecto Salud en la vida adulta y su relación con el envejecimiento saludable.

El estudio ha tenido como objetivo analizar el estado de salud de la población española de 50 o más años.


Las dimensiones clave que se han explorado como condicionantes de la salud autopercibida han sido; la limitación en las actividades diarias por problemas de salud, el padecimiento de dolor o malestar y la sensación de ansiedad o depresión como indicadores de salud subjetiva; el número de enfermedades crónicas y el consumo de fármacos como indicador del estado de salud objetivo. A esta comparación de doble aproximación a la salud, se han añadido los hábitos de vida saludables, en concreto el tabaquismo, la actividad física y la ingesta de alcohol y las horas destinadas al descanso; e indicadores sintéticos relacionados con la salud; índice de masa corporal, índice sintético de salud mental e índice de apoyo social funcional.



CONCLUSIONES 

En lo que respecta a la percepción que la población española tiene sobre su estado de salud, se observa que existen variaciones reseñables por sexo y edad. Los hombres evalúan de una forma más positiva sus condiciones físicas y cognitivas que las mujeres, y ambos ofrecen peores valoraciones a medida que la edad avanza. Por un lado, la mayor longevidad de las mujeres y la mayor propensión de éstas a padecer patologías altamente discapacitantes como enfermedades osteomusculares y algunas enfermedades mentales y del sistema nervioso, hacen que esa prevalencia de discapacidad entre la población femenina quede reflejada en la valoración que hacen de su estado de salud. 

Los resultados de este estudio permiten situar a España dentro del contexto europeo, concluyendo que se encuentra entre los países con el porcentaje más elevado de personas de 50 o más años que valoran negativamente su estado de salud. 



Por el contrario, son los países del norte y oeste, principalmente Suecia, Dinamarca y Países Bajos, donde encontramos una mayor proporción de población que declara un estado de salud excelente.


En los grupos de edad donde las enfermedades comienzan a agravarse, se multiplica el número de dolencias y las limitaciones en las actividades de la vida diaria empiezan a notarse, las personas que se hacen cargo del cuidado de otros son aquellas que presentan un mejor perfil sanitario y tienen las capacidades físicas y cognitivas para desarrollar esta tarea. De ahí que su evaluación del estado de salud sea mejor que el de aquellos que no cuidan a ningún adulto dependiente. A su vez, los resultados también pueden atribuirse a un efecto de “generación” asociado al cambio de valores respecto a la responsabilidad del cuidado, juzgándose, en consecuencia, de forma distinta las capacidades propias para hacerse cargo de esta tarea.

Comparando los datos españoles con los de otros países europeos se han observado porcentajes muy altos de población con más de dos enfermedades crónicas, siempre por encima de la media europea. 

En lo que respecta a la población de 50 o más años sin enfermedades crónicas, el porcentaje en España es especialmente alto sobre todo en los grupos de edad de 50-64 años y de 65-79. En el grupo de mayor edad, 80 o más años, se acerca bastante a la media del continente. En lo que respecta al número de enfermedades crónicas de los distintos grupos de población dentro de España, los cuidadores presentan un mayor porcentaje de enfermedades crónicas que los no cuidadores en todos los grupos de edad y ambos sexos.

En España encontramos grandes diferencias en los hábitos relacionados con la salud como el tabaquismo y el consumo de alcohol. 

Los hombres de 50 o más años han consumido y consumen tabaco y también beben en mayor proporción que la población femenina de la misma edad. 



Finalmente, los indicadores sintéticos muestran la relevancia que toman los aspectos emocionales y psicológicos en la salud de las personas. Los datos indican que, en general, los españoles gozan de una buena salud mental, a pesar que ésta es mejor en los varones, y que las personas cuidadoras no sólo se sienten peor anímicamente sino que también autoperciben un menor apoyo social, y mayor padecimiento de ansiedad o estrés, lo que les resta salud y, por ende, bienestar y calidad de vida. 

De este modo, queda patente que el apoyo social debe concebirse dentro de los determinantes de la salud dadas las diferencias que aglutina en función del sexo y la edad, pero especialmente entre personas cuidadoras y no cuidadoras, dadas las necesarias vinculaciones que las personas cuidadoras, y en especial las que lo hacen solas, precisan del entorno externo y próximo que les aporten mejores niveles de calidad y bienestar de vida.

Fuente: www.fundacionmapfre.org

¿DUCHA CON AGUA FRÍA O AGUA CALIENTE?

La respuesta a esta pregunta depende de lo que se quiera conseguir. 

- El agua caliente, la preferida por la mayor parte de los usuarios, tiene un efecto relajante y sirve para aliviar los dolores musculares y combatir el insomnio o incluso las cefaleas tensionales. No cura un resfriado, ni la gripe, pero el vapor que produce el agua a la temperatura que la utilizan muchos, entre 34 ºC y 38 ºC, descongestiona las vías respiratorias. Además, tan caliente tiene un gran poder de limpieza, pero no abre los poros, como se le atribuye erróneamente.



- Por su parte, el agua fría despeja la mente y el cuerpo y, en ese sentido, ayuda a la concentración en cualquier actividad intelectual o que requiera mucha energía. Esto tiene una doble base fisiológica: por un lado, el frío activa la circulación y proporciona más flujo de sangre a los órganos y tejidos; y por otra, estimula la producción de noradrenalina, una hormona relacionada con el estrés.






BENEFICIOS DE LA DUCHA DE AGUA FRÍA


Muchos aseguran que darse a diario una ducha de agua fría puede tener beneficios para la salud: mejora la circulación, alivia el estrés y aumenta la vitalidad y la lucidez mental son algunas de las ventajas que más le atribuyen a este hábito.

Pero también se dice que puede ayudar a tratar la depresión y la ansiedad, reparar los músculos tras el ejercicio, quemar más grasa o incluso darle un impulso al sistema inmunológico.


De entrada, lo que está claro es que el agua fría, al contacto con la piel, es un shock para el organismo: el cuerpo reacciona desencadenando una respuesta masiva al estrés, que hace que suba el ritmo cardíaco, aumente la circulación sanguínea y se libere adrenalina.

Por otro lado, a nivel doméstico, una ducha de agua fría es bastante segura y -temblores aparte- no tiene adversos negativos significativos para la salud.

¿Contra la depresión y la ansiedad?

Aunque todavía no ha habido un experimento clínico que haya utilizado una terapia de duchas frías como parte del tratamiento para la depresión y la ansiedad, algunos expertos creen que puede ayudar.

La teoría detrás de esa idea es que la exposición repetida al agua fría hace que el organismo se vuelva más eficaz a la hora de lidiar con la respuesta al estrés y con todos los cambios químicos y hormonales que las personas con depresión sienten.





¿Para el sistema inmunológico?

Según Chris van Tulleken, por ahora no hay evidencias definitivas sobre este beneficio.

Pero un estudio holandés sobre el efecto de las duchas frías sobre la salud y el trabajo publicado en 2016 en la revista PLOS One halló que una ducha diaria de agua fría resultó en una reducción del 29% en la autoevaluación de enfermedad de los participantes durante los 90 días siguientes a haber adoptado ese hábito.

Durante al menos 30 días consecutivos los individuos debían ducharse con agua fría al final de sus duchas habituales con agua caliente, durante periodos de 30, 60 o 90 segundos, según el subgrupo de estudio.








DUCHA DESPUÉS DEL EJERCICIO FÍSICO

Después del ejercicio se recomienda una ducha caliente por que ayuda a los músculos a relajarse y evitar así las contracturas. Terminar la ducha con unos segundos de agua fría contribuye a reactivar el cuerpo. Si el entrenamiento o la competición ha sido especialmente intensa un buen truco es darnos agua fría en las piernas lo que contribuirá a acelerar la recuperación y evitar las agujetas.







Fuente: www.bbc.com

viernes, 4 de enero de 2019

LOS EDULCORANTES NO SON BENEFICIOSOS PARA LA SALUD


Los Edulcorantes no son beneficiosos para la salud

Los edulcorantes no azucarados no son mucho mejores que el azúcar o al menos no hay pruebas de ello. Es la principal conclusión de una revisión de lo que la ciencia sabe sobre estas sustancias. El informe, encargado por la Organización Mundial para la Salud (OMS) no ha encontrado evidencias significativas de que estos compuestos no calóricos (o bajos en calorías) tengan efectos beneficiosos en la salud más allá de una ligera pérdida de peso. Los autores del estudio y otros expertos recuerdan que las comidas no edulcoradas y el agua son los mejores sustitutos del azúcar.

La demonización del azúcar ha ido pareja a la divinización de los edulcorantes no azucarados. La sacarosa del primero ha sido relacionada con la obesidad, la caries dental, la diabetes tipo 2 y alteraciones del ritmo cardíaco, entre otras enfermedades. Por eso, las autoridades sanitarias recomiendan reducir su ingesta, en especial entre los más pequeños y grupos de riesgo específicos. La retirada del azúcar ha dejado paso a una decena larga de edulcorantes, entre artificiales y naturales, como la sacarina, que hace unas décadas era un medicamento para los diabéticos, el aspartamo, el acesulfamo K o la estevia (extraída de la planta Stevia rebaudiana). Todas estas sustancias son entre 100 veces (la planta Luo Han Guo) y 20.000 veces más dulces (el advantamo, un nuevo edulcorante de alta intensidad) que la sacarosa, según datos de la FDA de EE UU. La mayoría tienen cero o muy pocas calorías.
Estas dos realidades han hecho que, mientras se reduce el consumo de azúcar, el de los edulcorantes no azucarados se haya disparado. En EE UU, por ejemplo, el número de personas que se han pasado a estos últimos ha aumentado en un 54% desde inicios de siglo. En el caso de los niños, el porcentaje ha subido un 200%. Una cifra relacionada con los refrescos. Sin embargo, no hay consenso entre científicos y médicos sobre los efectos a largo plazo de estas alternativas para endulzar la vida.

La OMS está preparando una guía sobre los edulcorantes no azucarados y, como punto de partida, ha pedido a un grupo de científicos un estado de la cuestión. Los investigadores han rastreado las publicaciones y estudios científicos que hayan analizado los efectos sobre distintos aspectos de la salud de todos o alguno de estos edulcorantes, ya fuera comparándolos con el azúcar o con sustancias placebo. Entre los trabajos incluyeron los centrados en personas sanas, adultos y niños, y aquellos con población con sobrepeso. En total, encontraron 56 investigaciones y sus resultados y conclusiones las acaban de publicar en la revista British Medical Journal.
"No hay pruebas suficientes para evaluar de forma definitiva los beneficios y, en particular, los posibles efectos a largo plazo de los edulcorantes no azucarados", dice el investigador del Instituto para la Evidencia en Medicina de la Universidad de Friburgo (Alemania) y principal autor del estudio, Joerg J. Meerpohl. "Puede que haya un pequeño efecto sobre el peso a corto plazo, pero no tenemos datos de alta calidad que lo confirmen a largo plazo", añade. Eso sí, "tampoco tenemos pruebas consistentes de impactos negativos destacables para la salud", completa.

La revisión científica buscó impactos en el peso, el nivel de glucosa en sangre, salud dental, enfermedades cardiovasculares, hepáticas y hasta cáncer. También revisó estudios sobre los efectos en el estado de ánimo, la conducta o los hábitos alimenticios. Aunque no todos los estudios enfrentaban edulcorantes y azúcar, en términos generales los supuestos efectos beneficiosos de los edulcorantes son muy escasos. En los estudios con adultos centrados en el peso, por ejemplo, la media de pérdida entre los que tomaban edulcorantes no era mayor de 1,3 kilogramos. Quizá el efecto más contrastado es la reducción de la presión sanguínea en adultos con sobrepeso. Entre la decena de estudios con niños, dos de ellos incluso mostraron una ligera ganancia de índice de masa corporal entre los que tomaban dos edulcorantes artificiales, la sucralosa o acesulfamo K.
Meerpohl aclara que hacen falta más estudios antes de que la OMS publique sus recomendaciones sobre los edulcorantes, previstas para finales de año. En cuanto a si, a pesar de todo son mejores que el azúcar, reconoce que es una pregunta difícil de responder, cuya respuesta depende del resultado que estemos midiendo y de la cantidad de edulcorante. Y tampoco se sabe el efecto a largo plazo de las combinaciones de dos o más edulcorantes, algo habitual en los refrescos, por ejemplo, para conseguir o acercarse al característico dulzor del azúcar.
Entre las posibles explicaciones podría estar la alteración del equilibrio de la microbiota intestinal, que han señalado algunos estudios. También podrían estar interfiriendo con las señales que vinculan los sabores dulces y la energía en el cerebro. O, simplemente, podrían estar haciendo que las personas tomen malas decisiones sobre cuánto comer.
"Los edulcorantes activan el cerebro de forma diferente de cómo lo hace el azúcar", recuerda Swithers, no relacionada con el actual estudio. "Los mecanismos específicos que producen estos cambios aún no se conocen bien, pero parece que nuestro cerebro tiene diferentes rutas para detectar si algo tiene sabor dulce o si aporta energía. Normalmente, estas rutas pueden activarse conjuntamente, pero los sustitutos del azúcar activan unas, pero no otras", añade.
La Asociación Internacional de los Edulcorantes, que reúne a buena parte de esta industria, ha reaccionado al estudio destacando la parte que confirma la conexión entre edulcorantes y pérdida de peso o higiene dental. También cuestiona que la revisión encargada por la OMS excluya algunos estudios sobre refrescos y jóvenes que señalarían una pérdida de peso, y su mantenimiento, a largo plazo entre los chavales que bebían refrescos sin azúcar frente a los que los bebieron con azúcar.
Fuente: 
www.elpais.com 
www.who.int